9 de febrero de 2009

El guardián entre el centeno. J. D. Salinger

Era una chica rara, Jane. No puedo decir que fuera exactamente guapa, pero me volvía loco. Tenía una boca divertidísima, como con vida propia. Quiero decir que cuando estaba hablando y de repente se emocionaba, los labios se le disparaban como en cincuenta direcciones diferentes. Me encantaba. Y nunca la cerraba del todo. Siempre dejaba los labios un poco entreabiertos, especialmente cuando se concentraba en el golf o cuando leía algo que le interesaba. Leía continuamente y siempre libros muy buenos. Le gustaba mucho la poesía. Es a la única persona, aparte de mi familia, a quien he enseñado el guante de Allie con los poemas escritos y todo. No había conocido a Allie porque era el primer verano que pasaban en Maine -antes habían ido a Cape Cod-, pero yo le hablé mucho de él. Le encantaban ese tipo de cosas.
El guardián entre el centeno. J. D. Salinger. Edhasa, Barcelona, 2007

3 comentarios:

Javier García dijo...

Jo, qué tío este Holden.

Javier Ms dijo...

Por lo que dice la chica no debe ser cualquiera...

Anónimo dijo...

no, en absoluto. y lo mejor es que el que lo dice no es cualquiera. digamos que si lo dice él -y no otro- te lo crees. a que suena verdadero?
javi