Era una chica rara, Jane. No puedo decir que fuera exactamente guapa, pero me volvía loco. Tenía una boca divertidísima, como con vida propia. Quiero decir que cuando estaba hablando y de repente se emocionaba, los labios se le disparaban como en cincuenta direcciones diferentes. Me encantaba. Y nunca la cerraba del todo. Siempre dejaba los labios un poco entreabiertos, especialmente cuando se concentraba en el golf o cuando leía algo que le interesaba. Leía continuamente y siempre libros muy buenos. Le gustaba mucho la poesía. Es a la única persona, aparte de mi familia, a quien he enseñado el guante de Allie con los poemas escritos y todo. No había conocido a Allie porque era el primer verano que pasaban en Maine -antes habían ido a Cape Cod-, pero yo le hablé mucho de él. Le encantaban ese tipo de cosas.
El guardián entre el centeno. J. D. Salinger. Edhasa, Barcelona, 2007
3 comentarios:
Jo, qué tío este Holden.
Por lo que dice la chica no debe ser cualquiera...
no, en absoluto. y lo mejor es que el que lo dice no es cualquiera. digamos que si lo dice él -y no otro- te lo crees. a que suena verdadero?
javi
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