(...) Esto es,
Natalia Ginzburg (1916-1991) escribe Léxico familiar para decir que estuvo allí pero, sobre todo, para dejar constancia de que convivió de forma más o menos epidérmica con todo eso. Que ella, en el léxico familiar, no es nadie más que un número de hermano: una niña silenciosa, un mujer silenciosa. Sabemos que los niños que no hablan hablan sin parar por dentro. Si le preguntáramos a Natalia Ginzburg, quizá viniendo de un viaje o de una cena, de madrugada, por el sentido de sus silencios nos diría: "en realidad, no tienen ningún sentido. Podría hablar, pero callo y entonces hago el silencio", como una vez dijo una chica francesa. Es el misterio de la niña Ginzburg, el misterio que de repente se abre de golpe por el viento en esta forma de escribir que parece de campo y que es de carácter, donde se agazapa y salta la poesía. Es el misterio que rodea a esta mujer que decide llamarse Ginzburg y no Levi. Leemos a Ginzburg para estar a su lado en el coche que nos lleva a su casa en las afueras. La leemos para alcanzar por contagio -tose Ginzburg, Ginzburg está en el aire- un poco más de lo secreto.
(Tomado de J. Casacuberta. Publicado aquí.)
Natalia Ginzburg. Léxico familiar. Lumen, Barcelona, 2007.
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